domingo, 11 de octubre de 2009

Leprerker

La gente se arremolina en torno a Erin, quien se aúpa grácilmente en al marco de la puerta de su destrozado coche. La camiseta se le pega, sudada, al cuerpo, revelanto un cuerpo firme y curtido por la experiencia. Se mesa los cabellos para apartar sucios mechones de su cara recogerlo a un lado del cuello, revelando unos músculos fibrosos, apenas perceptibles, lo cual demuestras que es una mujer tan fuerte como hermosa.
Si Theo oyese lo que estoy pensando seguramente porpondría algo perverso...
Erin: Mirad, hay poco tiempo, de modo que no puedo entrar en pequeños detalles, ¿vale? - comprueba de un vistazo que todos la atendemos - Mi padre es uno de los jefazos de la policía, ¿de acuerdo? Y tiene muchos contactos con el ejército, tiene contactos militares que ni tan siquiera el jodido presidente de los Estados Unidos tiene - resopla, fruto del cansancio, mientras se frota la nuca con una mano - El caso es que estaban desarrollando... "algo" Una especia de arma biológica, no sé demasiado bien para atacar a para defender, llamada leprerker - hace una pausa, esperando a engullamos la información - Pero algunos se le opusieron, entre ellos una chica, Lillith - me mira, inquisitiva, y a su mirada la siguen la de todos los demás, Theo me aprieto cariñosamente el brazo, dándome ánimos, contengo una lágrima - Un grupo de cientificos disidentes grabaron clandestinamente una cinta con todo lo relevante del experimento: documentos, pruebas, nombres... Todo.
Kiram: ¿Por qué una cinta VHS? ¿No es mejor un DVD?
La pregunta de Kiram interrumpe todos nuestros pensamientos, era algo que estaba rondando en las mentes de todos los presentes, pero que nadie había conseguido darle forma. Dana tose, al parecer a modo de reprimenda por haber intervenido tan derepente. O quizá porque tenía tos, yo que sé, me estoy desquiciando...
Erin: El VHS no puede ser manipulado, se ha dejado tan de lado esa tecnología que, a día de hoy, es imposible modificar lo que aparezca en el celuloide sin marcarlo y revelarlo como falso - asiente mirando a Kiram, una suerte de prevención ante futuras interrupciones - Lillith tenía contactos en la prensa, por eso le dieron, o le iban a dar, la cinta a ella, la cinta que están buscando Kenneth y... - nos mira a Theo y a mí, ¿qué coño querrá ahora?
Theo: Joe. Se llama Joe.
Joder, claro, buscaba el nombre de Joe, es casi imposible acordarse del nombre de uno mismo en esta situación, maldita sea, me estoy volviendo lenta. Theo me mira preocupado, le dedico una sonrisa zalamera para tranquilizarlo.
Erin: En pocas palabras, gente, todos estáis aquí por error, cada cual con sus miserias personales, pero hay que llevar la cinta a RockTV para difundirla por todos los canales que se pueda. Si alguien quiere quedarse atrás, que lo haga, no quiero ninguna carga con nos...
El rostro se le congela en una mueca de puro terror, parece que el tiempo se haya congelado, veo vapor escapando por entre mis labios. Giro el cuello con violencia, tratando de indentificar qué la está amenazando. Y entonces los veo...
Primero aparece Kenneth, seguido de Joe, los dos corriendo, jadeando como perros apalizados, con la misma mueca desencajada de pánico. Corren hacia nosotros a trancas y barrancas, Joe parece hacerme señas con la mano, "vete de aquí" parece decir, en la otra mano empuña la pistola.
Después aparecen ellos. Un tufo dulzón, como de fruta podrida, irrita mi nariz. Las siluetas desgarbadas de más de una decena de personas empiezan a recortarse contra la luz que viene de fuera. Tiene la piel cetrina, del color de la cera fundida, están empapados en sangre, todos parecen heridos, casi todos muestran alguna mutilación, miembros desaparecidos, rostros medio arrancados, la caja torácica al descubierto...
El mundo se desvanece a mi alrededor, observo cómo Joe se gira aparatosamente sobre sí mismo en su carrera y abre fuego una, dos, tres veces contra el monstruo más cercano, que trata de abalanzarse sobre él con ansia asesina.
Kenneth vocifera algo totalmente indaudible para mí.
Erin empuja a un lado a Duncan.
Theo me agarra firmemente por la cintura y me arrastra con él.
Erin vuelve a salir del coche con algo pesado entre las manos.
Dana parece dar órdenes como un general en primera línea de fuego.
Se desata una tormenta dentro del túnel, los relámpagos iluminan estroboscópicamente la estancia, los aullidos ensordecen ante un rugido demencial, huelo a quemado y me doy cuenta de que Erin está parapetada en el techo de un coche, tumbada cuan larga es, disparando la metralleta de Duncan, su hombro sangrante por los golpes del retroceso, su cabello agitándose como el de una valkiria.
Las balas surcan el aire e impactan con chispazos o chorretones de sangre pocos metros por detrás de los dos policías. Los condenados pronto ven su número seriamente reducido, pero son rápidos, y no caen fácilmente, alguna fuerza demencial les hace seguir avanzando con varios kilos de plomo en sus entrañas.
Theo me obliga a agacharme y me lleva junto a Dana y Kiram, quienes disparan las pocas balas que tienen a través de una ventanilla rota. Tanto Dana como yo somos incapaces de apartar la mirada de Joe, a quien cada vez se le acerca más uno de esos mosntruos. Pronto me doy cuenta de que necesito respirar, estaba conteniendo el aliento.
Kiram lanza el arma a un lado, todavía humeante, y salta sobre el capó, desenfundando una de esas exóticas espadas orientales, la misma que usó en Central Park. Su cuerpo menudo se vuelve borroso cuando empieza a danzar con la muerte, convirtiendo el arma en la extensión metálica de su brazo. Rebana lo poco que queda de aquellos a quienes Erin ha sido incapaz de tumbar, con fría eficacia acaba con los que quedaba, y sacude la katana para despegarle los trozos de carne muerta adheridos.
Sacando fuerzas de la flaqueza, Joe salta hacia nosotros en un último intento por salvaguardarse tras el coche. Veo con horror cómo se golpea aparatosamente contra la chapa maltrecha y cómo todavía queda uno de ellos, medio metro detrás de él, del que nadie parece haberse dado cuenta. Con rapidez inusitada, Joe gira sobre sí mismo, empuña su arma y...
Click
Está descargada, el maníaco se lanza sobre él con la mandíbula desencajada de una boa hambrienta, Joe le golpea con la culata, intenta mantenerlo alejado, pero esos dientes amarillentos, purulentos, cada vez se acercan más a su cansada carne.
Joe: ¡Déjame en paz, por favor!
Impulsándose con ambas manos, Dana salta con la gracia de una gacela sobre el capó, con un aullido que haría estremecerse hasta al mismísimo Diablo, y estampa el talón de bota contra la fea cara del atacante, a quien tumba en el suelo. Gira el rostro con gesto compungido para observar que Joe está bien, sus caras están demasiado cerca para mi gusto, y salta de nuevo sobre el suelo.
Pisa con furia la nuca de eso y, sin mediar palabra, le dispara, desparramando sus sesos por todos el suelo.
Dana: ¿"Déjame en paz, por favor"? - el tono socarrón que le dedica a Joe denota una mayor confianza entre ellos de la que suponía...
Joe: ¿Y qué coño querías que dijese? ¿Klatö Barada Nikto?
Dana tiende una mano que Joe coge sin dudar y le ayuda a ponerse en pie. Una vez más, están demasiado juntos para mi gusto.
Dana: ¿Qué tal "Yippie Kay Yay, hijo de puta"? Te sienta mucho mejor.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Primer contacto

Kenneth y yo subimos pesadamente las escaleras. Dejamos que la luz de los dos soles nos ciegue momentáneamente mientras caldea el sudor frío que recubre nuestra piel. El humo del cigarrillo se arremolina en mis pulmones, noto un poco de flema al final de mi garganta, el sabor del tabaco me inunda la boca.
Podría decirse que me he preparado para lo peor.
Y un cuerno.
A nuestro alrededor, todo es quietud. Nos miramos incrédulos, tenemos miedo de pronunciar una sola sílaba y romper ese mágico hechizo que lo mantiene todo en calma. Hace nada, todo eran coches disparándonos, persiguiéndonos y tratanto de matarnos. Ahora los sonidos más fuertes son los de nuestros pies cansados.
Joe: Tócate los cojones...
Y mi susurro rompe la magie. A lo lejos se oye el chirriar de la goma quemada al coger una curva a gran velocidad, y al parpadear el sonido ya no está a lo lejos, sino que se materializa en un coche patrulla destrozado, carente de cristales, con un conductor cubierto de sangre fresca conduciendo desquiciado. Se me para el corazón, parece ser que uno de esos hijos de puta a los que dimos por muerto ha decidido vengarse de nosotros...
Antes siquiera de mover un sólo músculo para intentar ponernos a cubierto, huir, esquivarle o bailar un jodido charlestón, el coche da un bandazo temerario y desaparece por una calle secundaria, haciendo caso omiso de la extraña pareja que formamos.
Una vez más, nuestras miradas se encuentran, confusas. Alguien me llama al móvil, noto la vibración de ese maldito cacharro. Me llevo la mano al bolsillo y recuerdo que nunca he tenido un trasto de esos.
No está vibrando un móvil.
Está vibrando el puto suelo.
Miro en la dirección de Central Park, por la que ha venido el coche, y empiezo a distinguir una nube de polvo ascendente y un rugido ronco. Segundos más tarde, empiezan a delinearse figuras humanas desgarbadas a la carrera y un olor dulzón y nauseabundo me azota la pituitaria.
La colilla humeante cae de mis labios cuando mi boca se abate por la impresión. Todo parece ocurrir a cámara lenta. Decenas de andrajosos corren hacia nosotros. No hacen distinción de clases, los jirones que llevan de ropa antes pertenecieron a monos de trabajo, trajes y corbatas, uniformes de camarera, incluso pijamas.
Ahora que están más cerca sé por qué corren de manera tan desgarbada, por qué el olor a podrido embota mi nariz...
A todos les faltan trozos de carne.
Hay quien tiene un ojo colgando, a quien le falta media cara, incluso un tipo sin piernas está aferrado a una señora mayor que corre demasiado para alguien con los tobillos tan gruesos; uno de ellos se tropieza con sus propias tripas y es engullido a pisotones por la multitud, otro empuña su propio brazo como una porra...
El Infierno a venido a Nueva York.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Confesiones femeninas

Nos tomamos un minuto de descanso. Sólo uno. Nuestros cuerpos destrozados necesitan varias horas más, pero sabemos que sólo podemos alargar ese minuto unos pocos segundos. En mi corazón hay un poso amargo, cimentado por la sombra de Joe alejándose y Theo apoyado a mi lado respirando cada vez más pesadamente.
Es como si todo el mundo que me importa a mi alrededor su esté alejando deliberadamente de mí.
Apartándose un mechón sudoroso de la frente, la mujer que acompañaba a Joe en el coche se acerca a mí y se apoya en la pared a mi lado, con un pie en la pared y los brazos cruzados. No dice nada, apenas me dedica una mirada fugaz, y finalmente suspira.
Dana: Ese Joe parece un buen hombre.
Micaela: De los mejores.
Dana: Me llamo Dana. Te he visto cuidando de los heridos, pareces buena en ello.
Micaela: En fin, mi vida dependía de ello - lejos quedan ahora los tiempos entre asépticas paredes blancas - Soy cirujana. Me llamo Micaela. Y él es Theo - cruzamos una sonrisa nerviosa aunque cómplice, de esas que sólo entendemos las mujeres - ¿Te han dicho alguna vez que te pareces a Linda Hamilton?
Dana: No me he cruzado en mi vida con mucha gente a la que le guste el cine, aunque Linda Hamilton... - hace un intento de mueca cómica de desagrado, aunque el cansancio quiebra sus gestos - Es un poco marimacho, ¿no?
Micaela: Mujer, al menos es más femenina que Seagourney Weaver. Además, me refería a Linda Hamilton de joven.
Dana: En fin, mientras no venga nadie preguntando por Sarah Connor me parece bien.
Reímos a gusto. Por primera vez desde que me escondí en ese oscuro y frío armario. Parece mentira que en apenas dos frases Dana se haya convertido en mi mejor amiga, pero en estos momentos, en los que podemos morir en cualquier momento, quizá lo mejor sea acelerar las relaciones humanas, experimentar la vida lo más rápido posible para no dejar escapar una única sensación, buena o mala, antes de exhalar el último aliento.
Theo: Dana... - masculla con voz gutural - Perdona la indiscreción, pero... ¿Quién cojones es la china?
Dana: Lo primero, hombrecillo desconsiderado, es japonesa, no china, y recuérdalo porque no se llevan muy bien. Como vosotros los yankees con los canadienses.
Theo: ¡Eh, que yo con Joe no tengo ningún problema!
Micaela: Descansa un poco, cielo - le digo mientras acuno su cabeza sobre mi hombro, mesándole los cabellos sucios - Si te enervas demasiado puedes recaer.
Dana: El caso es que Kiram - mira inquisitivamente a Theo -, que vendría a ser "la china", es una buena amiga mía. Nos conocimos en la base militar de... - hace una pausa, mirando hacia el vacío, más allá de donde estamos cualesquiera de nosotros, hasta que niega con la cabeza - Es igual. El caso es que vino un hombre cojo, siempre acompañado de su bastón, y nos dijo de buscar la maldita cinta en Central Park. Digamos que nos dio las pruebas necesarias para creerle.
Theo abre los ojos como platos y boquea unos segundos, tratando de recuperar el aire que ha escapado de sus pulmones a causa de la sorpresa.
Theo: ¡A mí también me ocurrió lo mismo!
Se dobla sobre sí mismo y se agarra el pecho. Su respiración suena borboteante, parece que algo de líquido se le ha colado en los pulmones. ¡Maldita sea! ¡No puedo perderte, Theo! ¡Ahora no!
Le obligo a ponerse recto y respirar hondo, tengo que ayudarle a controlar el ritmo de sus inspiraciones. Por el sonido, parece que apenas se ha colado líquido en sus pulmones, seguramente se drenará solo si puede estarse un rato respirando con tranquilidad.
Micaela: No te conviene hacer esfuerzos - lo ojos se me empañan ante la posibilidad de que Theo desaparezca entre las sombras como Joe - Tienes que seguir vivo, ¿vale? Tienes que seguir a mi lado...
Theo no dice nada. Solo me mira. No necesito que me diga nada, en sus ojos enrojecidos está todo lo que necesito saber. Este capullo gruñón haría lo que fuese por mí, más de lo que nadie haya hecho jamás por alguien como yo.
Dana: Y respecto a Joe... ¿Hace mucho tiempo que le conocéis?
Micaela: ¿No te queda un poco mayor, Dana?
Se sonroja, no sabe qué decir, tartamudea e intenta decir tacos un par de veces, pero todo queda en su garganta. Con un bufido, se aleja de nosotros.
La otra chica que iba con Joe en el coche llama nuestra atención dando un par de palmadas. Es joven, pero tiene la determinación de un tigre. También tiene un aspecto latino, como yo, pero seguramente ella se ha criado en un ghetto, ha conocido el peligro de las calles desde muy joven, y sabe cómo hacerle frente a la vida, especialmente si la vida empuña una pistola.
Erin: Vale, gente, escuchadme. Me llamo Erin. Mi padre es el jefe de policía del estado. Y tengo algunas cosas que contaros...

domingo, 13 de septiembre de 2009

Algunas respuestas

Nuestros pasos resuenan sobre el duro suelo. Resulta muy curioso y a la vez estremecedor ver la parada del metro completamente vacía. Apenas un par de horas antes las calles eran un hervidero de almas en pena, paranoides y sobreexcitadas, ¿a dónde demonios habrán ido a parar?
Joe: Kenneth - caminaba delante de mí con seguridad, siempre alerta - Necesito preguntarte un millón de cosas, joder.
Kenneth: Baja la voz, viejo - no es un insulto, es más un "mote de poli", lo noto en la inflexión de su voz grave - No te garantizo gran cosa, pero pregunta lo que quieras. Mientras no preguntes por mi madre - se gira hacia mí y me dedica una sonrisa socarrona y cómplice.
Joe: Bien, pues... Empezaré por la más sencilla que se me ocurre... - diablos, tengo que aclarar mis pensamientos para conseguir sacar las palabras adecuadas - ¿Por qué coño estamos en el jodido metro?
Kenneth: Dos paradas más adelante se puede salir a la mismísima puerta de RockTV, y no sabemos qué cojones puede pasar ahí afuera...
Joe: ¿Un cuello de botella? ¿Te refieres a eso?
Kenneth: Sí, sí. El terreno del metro es más estrecho, al menos más estrecho que el puto Central Park - escuoe a un lado, como maldiciendo lo ocurrido, y relaja un poco el paso - Aquí los obligamos a pasar por un terreno estrecho, como los putos espartanos.
Joe: O los terroristas de La Jungla de Cristal 2...
Kenneth: Pero aquí somos los buenos, viejo.
Reímos por lo bajo, una risa ronca, que muere en nuestra garganta, como si tuviese miedo de ser oída por alguien extraño y malvado.
Kenneth: ¿Algo más, Joe?
Joe: Sí, toda esa mierda de RockTV, la cinta de los cojones, la china loca de la espada, el grandullón, los polis...
Me pone la palma de la mano a pocos centímetros de la cara, quiere que me caye. Se lleva un dedo a los labios y afina el oído, buscando algo que no consigo ni imaginar. A los pocos segundos, una piedrecita se mueve, y una rata cruza corriendo entre nuestras piernas.
Kenneth: Falsa alarma - se enjuga el sudor de la frente y se apoya en la pared, parece que pensar en toda esta mierda a la vez le deje exhausto - Lillith consiguió una cinta, un viejo VHS en plena era del DVD, que, y ésto es lo que pienso yo, no hay versión oficial, contiene algún tipo de prueba que podría afectar seriamente a todos los politicuchos y militronchos de este puto país.
Me hundo contra la pared, por un momento deseo que los azulejos rotos y sucios se abran y me dejen caer hasta las mismas entrañas del planeta, para desaparecer y olvidarme de toda esta mierda de conspiraciones más propia de una película mala.
Kenneth: Evidentemente, los peces gordos no iban a quedarse de brazos cruzados, y empezaron una de las famosas campañas de desinformación. Siguieron el puto manual al puto pie de la letra: difamación de la imagen pública, imposibilitación de contactar con familiares y allegados, ya conoces el procedimiento, es una locura - cerró los ojos unos segundos, tratando de digerir el infierno por el que había pasado la muchacha antes de que sus tripas pasasen a formar parte de la decoración del pasillo - El padre de Erin... - la voz se le quiebra -, la chica que va conmigo, es el jefazo de la policía, creo que tiene hasta lazos en el ejército... - se seca una lágrima que todavía no ha salido - Esa chiquilla es como una hija para mí. Y su padre se la ha jurado por no participar en su juego demencial de poder. Es un puto juego de tronos y nos ha pillado en medio a todos. Erin dice que los polis que nos persiguen son corruptos o falsos, mercenarios con uniformes de broma.
Poso una mano en su hombro, que aprieto en gesto amistoso. Es lo que se hacía en mi época entre hombres. Nos dábamos una palmadita en la espalda y esperábamos a que el otro lo sacase todo. Que se quedase vacío, que se librase de toda la mierda que había tragado. No sé hacerlo de otras forma, así me he criado, hijo de otra época, pero lo entendí perfectamente. Vuelvoí a pensar en Lucy, en Dave... Y en Micaela, que era para mí lo que Erin para Kenneth.
Kenneth: Sobre RockTV, según dice Erin, hombres de cargo intermedio que estaban bajo las órdenes de su padre fueron despedidos forzosamente por estar en contra de toda esta mierda que todavía desconozco. Parece ser que se han reunido en RockTV porque es la emisora más potente en toda el área de los tres estados, y quieren difundir lo que coño sea que haya en la cinta.
Durante unos segundos, reina el silencio, lo único que se puede apreciar es mi respiración pesada, cómo el aire entra y sale de mis pulmones con dificultad. Kenneth me mira, inquiriendo que si tengo alguna duda más, la haga ahora, o más me vale callar en un buen rato.
Joe: Cuando lo de Lillith - asiente, recordando todo el asunto - Saliste tras el asesino, ¿lo cogiste?
Kenneth: Lo molí a hostias en un callejón, si no está muerto está tetrapléjico, el pobre diablo no contaba con que Erin estaba bloqueando la salida con el coche. Fue así como nos enteramos de los polis corruptos y los mercenarios, fue el extremo del ovillo del que Erin fue tirando hasta averiguar todo lo que sabemos ahora - se pone en pie y se alisa la camiseta, dando por finalizada la ronda de preguntas - Y antes de que lo preguntes de nuevo, el grandullón esquizoide debe de haber salido de algún sanatorio militar.
Joe: Me has pillado, Kennet - repongo con fingido derrotismo - Pero permíteme una última pregunta.
Kenneth: Que sea rápida
Se pone en marcha y por un instante me cuesta seguirle los pasos.
Joe: ¿Tienes un cigarrillo?
Ríe y, sin girarse, me alarga un paquete maltrecho que está bastante lleno de cigarrillos arrugados. Me llevo uno a los labios que tiene una cómica forma de "z" y lo enciendo con el zippo.
Dejo que el humo me llene los pulmones, bien podría ser mi último día en este maldito mundo, y empezamos a subir los escalones que nos llevarán de vuelta a la superficie.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Caminos separados

Me zumba la cabeza. Dana se ha acercado a Duncan y le ha dicho algo, no he alcanzado a oir el qué, pero el grandullón parece haberse quedado como domesticado. Pobre diablo chiflado.
Kenneth: El tiempo apremia, creo que la mejor solución es que Joe y yo vayamos a por vuestros compañeros, somos policías con las credenciales para demostrarlo. Con suerte nos podremos acercar a ellos sin levantar demasiadas sospechas y ayudarles o como mínimo, recuperar la cinta. No es un plan perfecto pero creo que es el único mínimamente viable ¿qué decis?
La credenciales no han evitado que me vuelen media oreja. No obstante, joder, no puedo evitar pensar que debe quedar algún puto poli honrado en toda la maldita ciudad.
Quizá esa mierda de cinta sea más importante que toda la mierda de Central Park. Quizá resuelva el misterio del segundo Sol. Quizá revele quién hostigó a Duncan para que perdiese la chaveta y matase a todos los que mató.
Dana: Erin - asumo que es la chica que nos acompañaba en el coche - conoce el camino, así que podeis ir tranquilos. De todas formas, id con mucho cuidado. A pesar de todo, os esperaremos en la emisora a la hora acordada. - y añade una de sus clásicas bromas - No os retraseis contándoos batallitas ¿eh, Joe?
Se acerca hasta mí y me abraza. El acto en sí me coge totalmente desprevenido, lo último que esperaba en medio de todo ese puto infierno es un poco de cariño. Un poco de cariño que ha alegrado el corazón maltrecho de un viejo moribundo...
Joe: No te preocupes, Dana. Me quedan 17 balas y deben de haber como 170 polis en la ciudad. Eso quiere decir que si se ponen en fila india por grupos de 10 podré acabar con todos - me rio ante mi mal intento de hacer un chascarrillo y le doy un toque amistoso en el hombro, como solía hacer con Riggs cuando patrullábamos - Cuida de Micky y de Theo, ¿vale? Parece que vayan a matarse entre ellos en cualquier momento.
¿Por qué coño he dicho eso? Joder, buscaba una frase profunda, algo, no sé, heroico, como de película de acción, y me ha salido un tópico como una casa. Mierda, Joe, te haces viejo...
Joe: Kenneth, tú primero - hago un ademán con la mano para dejarle pasar -, las damas siempre van primero.
Mataría por un cargador extra...

viernes, 4 de septiembre de 2009

'Nam

Apenas Joe se ha tragado las pastillas cuando Theo irrumpe en mitad de la escena con visibles problemas para controlar el volumen de su voz y con su impetuosidad característica.
Theo: ¿¡QUIEN COJONES ERES Y POR QUE HAS EMPEZADO A DISPARAR CONTRA LA GENTE DEL PARQUE!? ¿Por que LLEVAS ESA jodida armadura? ¿QUIEN te envia, EH? ¿¡DE DÓNDE has SACADO todo ese armamento!? ¿Tienes algo que ver con la policía o con esa maldita cinta que tanto persiguen? Vamos, ¡¡¡contesta de una puta vez o te juro que te meteré tantas balas dentro del cuerpo que podrás cagar figuritas de plomo!!!
No me lo puedo creer... Éste chico, cuando no sabe de qué va la película, simplemente se la inventa...
El hombretón nos explica su historia, su historial clínico es ciertamente preocupante y grave.
Gigantón: Antes de alistarme con 15 años en el VietNam, en el último de los reemplazos que se enviaron allí, me llamaba Duncan. Aunque todos me llamaban Mole. - arrastra las palabras con dificultad y pesar - Tras meterme en un túnel en el que dejé mi infancia, mi inocencia, una tonelada de munición y un montón de carne picada me dieron una medalla y todo el equipo, era un héroe, así que me dieron todo aquello para que lo pusiera en una bonita vitrina y lo enseñara en el futuro a mis hijos. No se nada de ninguna cinta...yo, solo estaba en casa mirando la tele y recuerdo mirar la hora y pensar... y pensar que aún faltaban varias horas para la medicación... Recuerdo, al menos conscientemente ver de noche el mismo reloj, con la misma hora y pensar "tenía que pararse ahora"... - sus ojos se quiebran en lágrimas doloridas y sinceras, grandes como puños, potentes como mares - Luego me he despertado en este coche, con esta mierda puesta encima y... y...he...¿he matado a mu-cha gente?
Estando de prácticas visité el Hospital Mental y pude ver fugazmente a los pacientes terminales. Reconozco que no me asustaron ni la mitad de lo que me asusta el hombr... Duncan.
¿Pero qué narices...? ¿Theo sigue apuntándole? ¡Oh, joder! ¡Tiene el pecho lleno de sangre! Se le ha abierto la herida, ¿por qué nunca me hace caso?
Me levanto y, con una furia impropia en mí, cierro el puño y lo estampo contra su cara, haciendo que Theo se siente de nuevo.
Empieza a balbucear algo, pero no le dejo continuar, gruñe cuando hundo los dedos en su herida. Que le den, si no se hubiese movido tanto no le habría pasado nada.
Mierda, tengo que volver a curarlo...

jueves, 3 de septiembre de 2009

Esquizofrenia

Todavía no he dado un paso hacia el coche para ver a Theo cuando una enorme bota atraviesa la puerta trasera del mismo. ¡Jesús, María y José! ¡El Grandullón Desconocido se ha despertado!
Por puro instinto levanto el arma y lo encañono, forzándome a mí mismo a respirar con regularidad para no exaltarme demasiado. Mantengo en todo momento el cañón apuntando a su cuello, ese pequeño gran punto flaco que casi le cuesta la vida.
Sin embargo, su reacción me sorprende: se lleva las manos detrás de la cabeza...
Grandullón Desconocido: ¿Qué... he hecho? - agita la cabeza para despejarse, o algo por el estilo - ¿No tendréis un poco de Abilify, Zyprexa...?
Antes siquiera de que termine de entender el significado de sus palabras, que, obviamente, significan mucho más de lo que aparentan, Micaela corre a su lado con mis pastillas en la mano. Puedo ver dónde han ido a parar las mangas de su blusa: son vendas improvisadas para las heridas del Grandullón.
Joe: ¡De rodillas! - Joder, no pienso dejar que ésto se vuelva a salir de madre - Micaela, ten cuidado, por el amor del... ¡Eh, tú, he dicho que de rodillas!
Con un sonido chirriante se hinca pesadamente de rodillas, quedando su cara a la misma altura que la de Micaela. Claro que la chica está de pie...
Con movimientos seguros, Micaela retira la máscara del Grandullón, revelando los rasgos de un afroamericano fornido, con ese punto bonachón que tienen todos los psicópatas y majaderos antes de destriparte. No me hace ninguna puta gracia que Micaela esté tan cerca de él. Abre el frasco y le mete dos de mis pastillas en la boca, que traga con rapidez.
Joe: Micaela, no me jodas, ¿qué coño haces? ¿Tienes idea de lo que valen esas pastillas?
Micaela: ¡Cállate, Joe, por favor! - se encara contra mí, sin dejar de tocar el hombro del hombretón - ¿Acaso no has oído lo que ha pedido? El Zyprexa Velotab se utiliza para tratar enfermedades con síntomas como oír, ver o sentir cosas irreales, creencias erróneas, suspicacia inusual y tendencia al retraimiento. Quienes necesitan ésta medicación también son propensos a sentir euforia y poca o ninguna necesidad de dormir.
Tus pastillas son un compuesto químico derivado de los opiáceos creadas para ejercer un efecto narcotizante sobre tí cuando tu corazón se acelera demasiado, consiguiendo que vuelvas a tener un pulso regular porque, prácticamente, te duerme a base de drogas duras.
A largo plazo no servirá, pero, por el momento, podemos sustituir su medicación por una dosis doble de tus medicamentos para, simplemente, mantenerlo calmado y, con suerte, dormido. Mientras se encuentre en éste estado será prácticamente consciente y dominador de sus capacidades mentales, no así como las físicas, evidentemente.

Así por encima he entendido entre una puta mierda y nada. Que haya pasado media vida en hospitales no significa que conozca su jerga. Creo que mi cara deja translucirlo lo suficiente, porque Micaela pone los ojos en blanco y empieza a contar la versión para tontos.
Micaela: Éste hombre sufre fuertes alucinaciones, puede que sea un caso grave de esquizofrenia debido a los medicamentos que dice necesitar. ¡Es como si tuviese una doble personalidad! Lo que necesitamos es tenerlo calmado, un punto más allá de sedado pero sin dejar que se duerma. Sólo así podremos garantizar que no recaerá y podrá hablarnos como una persona perfectamente sana. Eso sí, apenas podrá moverse, de modo que será una carga...
Joder... De manera que sí que es un chiflado... Pero no un chiflado cualquiera, un chiflado de los de verdad, de esos a los que la cabeza no les funciona bien en serio... ¡Mierda, podría alegar enajenación mental y librarse de todo! A veces odio el sistema jurídico, por muy chiflado que estés sigues siendo responsable de tus actos, de una manero o de otra...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Final abrupto

Y tan pronto como empezó, se acaba todo. Kenneth encara el coche contra la salida de una estación de metro, lo cual me hace blasfemar como nunca lo he hecho en toda mi puñetera vida, Theo le sigue destrozando todo el lateral de su coche. Cómo se nota que no tiene que pagarle al seguro.
Joder, ha sido una buena carrera, me duele el pecho a rabiar. Por aquí discuten si irnos o recoger a los rezagados. Me cago en la puta, es una decisión difícil, sobretodo porque, hasta el momento, no tenía ni puta idea de que habían rezagados..
Para garantizar la seguridad de la cinta deberíamos volver, aunque a mí, personalmente, la cinta empieza a importarme un huevo. Me preocupa más la china, es una testigo ocular y ayudante que debo presentar en el juicio contra el Grandullón Desconocido.
Por otro lado, si ya me han volado media oreja con sólo tres coches patrulla, no quiero ni imaginarme lo que me puede pasar ahora que sólo tengo un cargador y estoy cansado contra todas las putas fuerzas automovilísticas de la policía. ¿Cómo puede haberse podrido todo el cuerpo en tan poco tiempo?
Joe: Lo primero es lo primero - me dirijo a todo el mundo - Pasemos lista, que cada cual diga nombre y estado. Yo, Joe Rockatansky, jodido. El agente Kenneth, la sargento Dana y Erin... ¿Tú eres Erin, verdad? - asiente - están en buen estado, mejor que el mío. ¿Y vosotros?
Saco de nuevo el frasco de las pastillas, está a punto de darme otro ataque y quiero que me pille prevenido.
De entre la multitud surge Micaela, con la blusa rota y pegada al cuerpo por el sudor, el cabello enmarañado y una nota de furia en la mirada. Está más guapa que nunca.
Micaela: Micaela Estévez - me mira directamente mientras avanza con paso decidido -, a punto de tener un esguince en el pie de la patada en el culo que te voy a dar.
¡Me cago en Dios! De un manotazo, me arranca el frasco de la mano, y con un aspaviento tira la pastilla que ya había sacado al suelo. ¿Pero qué coño le pasa? ¿Se ha vuelto loca?
Micaela: ¿Estás loco, Joe? ¿Es eso? ¿Te has vuelto completamente majareta? - me regaña como una madre recriminando alguna mala acción a su hijo - ¡Apenas hace una hora que te has tomado una pastilla! ¿O es que se te ha olvidado el "pequeño incidente" de Central Park? ¡Joder, Joe, si te tomas otra ahora vas a reventar!
Realmente no tengo palabras. En mi mente se cruzan imágenes de Lucy y de Holly al mismo tiempo. Hacía tiempo que ninguna mujer me regañaba así, y era porque ninguna de ellas estaba cerca de mí. Me doy cuenta, con una punzada de melancólico dolor, lo mucho que ellas se preocuparon por mí, lo mucho que les hice sufrir por desempeñar la labor de agente de la ley, y me doy cuenta de lo mucho que Micaela se preocupa por mí, ya sea por el código moral de los médicos o porque ésta chiquilla de vitalidad emergente me ha cogido cariño.
La miro a los ojos y, tragándome las lágrimas, no puedo sino abrazarla.
Joe: Tienes... Joder, tienes toda la razón del mundo... Yo... Lo siento, Micaela ¿vale? Lo siento... - la separo de mí, ella también tiene los ojos enrojecidos - Me recuerdas tanto a mi hija Lucy...
Micaela: Ojalá hubiese tenido un padre como tú...
Sus preciosos ojazos azules se clavan en mí, entran bien profundo en mi alma. Que me aspen, pienso proteger a toda costa a ésta chiquilla, no importa si muero. Sé que si me pasa algo encontrará a mi familia y cuidará de ellos. Quizá... Quizá incluso deje a Theo...
¡Joder! ¿¡Pero en qué estás pensando, viejo verde!? ¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Theo!!! ¡Una bala le atravesó!
Joe: ¡Theo! - zarandeo sin querer a Micaela - Micky, Micaela, ¿cómo está Theo? ¿Se ha hecho daño en el coche? ¿Está bien?
Ese bastardo a recibido una bala por mí, y eso es algo que cualquier buen poli sabe reconocer como hazaña de héroe y agradece de todo corazón. Además, hay un cierto sentimiento de deuda con él, prácticamente le arrastré a mi lado en mi afán por querer hacer las cosas bien pero a solas. Le debo, como mínimo, mi preocupación.
Micaela: Theo está bien. Es un hombre fuerte. Además, no pienso dejar que se me muera ahora, tiene que protegerme, a fin de cuentas, soy la médico de ésta zona, ¿quién os remendaría si no estuviese yo?
Mujer, pues Dana, siendo Sargento, algo debe de saber... Pero no pienso quitarte ni el mérito ni el reconocimiento, si eso te hace sentir mejor, Micky, lo dejaré estar. Te lo mereces.
Aunque halla sido en mi cabeza, ésa a sido la segunda vez que he llamado a Micaela por el mote cursi y hortera que su novio le puso. ¿Qué cojones me está pasando? No puedo creer que me esté amariconando en medio de ésta situación... Ah, Joe... ¿Qué diría Holly si te oyese decir esas palabrotas? Seguramente algo como "los homosexuales son gente normal y corriente, retrógrado gruñón", y tendría toda la razón del mundo. Pero no dejo de ser un viejo, Holly, y como viejo, todavía hay cosas que me cuesta aceptar. Además, ya no te tengo a mi lado para que me ayudes a adaptarme a los nuevos y locos tiempos...

martes, 1 de septiembre de 2009

Mujer moderna

Apenas me he recuperado de la locura acaecida segundos antes cuando Dana ya empieza a bromear.
Dana: ¡Bueno, Joe, vamos empatados! ¿Quieres apostar a ver quién abate al último?
El humor banaliza los problemas y mantiene la cabeza en su sitio...
Joe: Chica, no deberías meterte con gente como yo. – y yo, por supuesto, no puedo evitar seguirle el juego.
Dana: ¿Eso es que no te atreves a apostar? – y añade fingiendo un tono lagrimoso - Bueno, entonces me encargaré yo solita del último. – la verdad es que si sacasen una foto del puchero que acaba de dedicarme, seguramente se llevarían algún premio.
Joe: No, decía que no deberías meterte con los canadienses. – no puedo evitar sonreír.
Dana: ¿Canadiense? Eso explica tu sentido del humor. – sonríe, se lo está pasando en grande a pesar de todo, aunque mi orgullo canadiense está un poco herido... Qué demonios, sólo se vive una vez...
Joe: ¿A que eso no te atreverías a decírselo a Lobezno? – llegados éste punto, la risa es incontenible. Recuerdo a mi hijo Dave enseñándome sus cómics y diciendo “mira, papá, éste es canadiense, como tú... Pero seguro que tú le ganas” Entonces tenía diez años, y a día de hoy todavía le siguen gustando esas malditas historietas. Ahora no sé si me río por humor o por histeria. ¿Cómo deben de estar mis hijos?
Dana: Bueno, debeis ser más o menos de la misma edad así que... – ese comentario sí que me ha sacado de mis ensoñaciones. Una cosa es que te llamen canadiense, que lo soy, y otra que te llamen viejo, que también lo soy, pero no sienta bien.
Joe: Eso ya no te lo permito, jovencita, ¿acaso tus padres no te enseñaron modales? – y, sin embargo, aquí me encuentro, forzando en un intento cómico la voz para imitar el tópico de los ancianos. Algo no funciona bien en mi cabeza, pero me encanta...
Dana: ... – un silencio incómodo, los odio - Sí, mi padre... me enseñó modales y me alistó en el ejército. – de manera que es una de esas “mujeres modernas” que montan una Kalashnikov en menos de treinta segundos - Allí aprendí más sobre el respeto a los galones – se queda momentáneamente parada, como soñando despierta -, pero creo que la situación requiere cierta camaradería, ¿no cree, Señor? – y vuelta a las imitaciones, ésta vez toca un militar.
Jamás imaginé que, en una situación en la que polis infiltrados, corruptos o falsos quisiesen volarme la cabeza, me pondría a bromear en la parte trasera de un coche patrulla, seguramente robado. Pero, eh, lo que es de la poli, es de todos los polis.
Joe: El ejército sólo sirvió para echar a perder a Elvis – me rio ante mi gran frase de señor mayor - Menos mal que me libré de Vietnam. - todavía hay personas que creen que me metí debajo de aquel camión aposta para que me partiese las piernas - Pero sí, tienes toda la razón, "cadete" – la mirada de ironía se me escapa sin querer - , dos cabezas piensan mejor que una, y dos pistolas abren más agujeros que una. – alzo a la pequeña Joyce, todavía humeante y tibia al tacto. Como una mujer de verdad.
Dana: Pues entonces más disparar y menos hablar... y es "Sargento", señor. – me sonríe, de todos modos, si se ganó ese puesto, hay que respetárselo. Debe de tenerlos bien puestos si ha llegado hasta sargento siendo mujer, con todo el machismo que queda en el mundo. Dios santo, hasta yo llego a ser machista muchas veces, o eso decía Holly, y Lucy, y la Señora Geller, y... Mejor dejarlo estar...
Joe: Lo que tú digas, chica... Perdón, "Sargenta"... – vuelvo a reírme.
Dana: ¿Otra vez a la de tres? – ella responde también con risas, no sé exactamente si porque le he hecho gracia o porque todavía se está riendo de mí a causa de la misma pregunta que me hizo antes.
Joe: ¡Espera, espera! ¿A la de "tres" o a la de "ya"? Créeme, es importante, al menos para mí. – joder, y tanto que lo es, como que puede ocurrir cualquier cosa si no se hace bien...
Dana: ¿Qué prefieres? – su sonrisa, amplia, mostrando todos los dientes, como si fuese un tiburón, debería de haberme avisado de que tenía alguna jugarreta preparada...
Joe: Por mí, que sea a la de "tres". Ya sabes, - marco cada paso con un movimiento de la cabeza, sólo para auto afirmarme en mi explicación - una, dos y tres.
¡BLAM! ¡BLAM! ¡BLAM!
Aquí está la jugarreta, justo cuando digo “tres” empieza a disparar. No se puede decir que no me haya hecho caso. Joder, me pregunto cuánto tiempo ha estado pensando en hacerme esto.
Joe: ¡Esto tiene que ser un chiste! – dos veces en menos de quince minutos, ahora sí que tengo el orgullo canadiense herido.
El aire se llena de humo y el olor a pólvora embota mi olfato, los casquillos vuelan a diestro y siniestro. Joder, éste coche nos está poniendo las cosas difíciles.
¡BLAM! Disparo casi sin pensar ¡BLAM! Sólo espero dar a mi objetivo ¡BLAM! Delante va Theo, dando bandazos como un loco, pero llevando las cosas a buen puerto ¡BLAM! Por aquí la chica también está haciendo un buen trab...
¡YAAAAAARGH! ¡Será hijo de puta! ¡Me ha volado un trozo de oreja! ¡Una puta bala me volado un trozo de arriba de la oreja izquierda! ¡Su puta madre, se va a cagar encima! ¡Va a desear que su madre nunca abriese las piernas delante de su padre!
Salto sobre la ventanilla y disparo hasta que el cargador se acaba. Noto cómo la sangre palpita en mis sienes y, por un instante, un peligroso instante, se me nubla la visión.
El corazón me late desbocado, y eso es peligroso, sobretodo teniendo en cuenta cómo me ha ido el día.
Con un estruendo, oigo cómo el coche patrulla al que disparábamos se estampa Dios sabe dónde, que los jodan, y la amiga de Kenneth sigue a rebufo de Theo. Cristo bendito, sólo espero poder respirar un poco antes de que todo vuelva a enloquecer, o mi corazón no podrá soportarlo.
¿¿¿Cuánto queda para llegar a donde demonios estemos llendo???

lunes, 31 de agosto de 2009

Desesperación

El coche da bandazos a uno y otro lado, las lágrimas corren por mis mejillas y mi cuerpo se estremece, estoy histérica. Todo se está llendo a la mierda. ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué Lillith? ¿Qué coño está pasando en el mundo? Dios, casi ni me aguanto en el asiento, todo me da vueltas, ojalá pudiese despertarme ahora mismo. Daría un brazo, arruinando mi carrera de cirujana, por despertarme de ésta pesadilla, por poder ver a Lillith desayunando en la cocina una taza de café muy caliente y una tostada con mermelada, de naranja amarga, como a ella le gustaba. Y Theo... Oh, Theo... Te ha atravesado una bala, no puedo evitar pensar que fue culpa mía... Sé como estabas antes, y sé cómo puedes llegar a estar si no te cuido lo suficiente... Y... Y... Me quedaré sola...
En uno de los giros y bandazos, el gigantón gruñe molesto. Se le ha abierto una de las heridas de bala del costado.
¡Eso es! ¡Justo lo que necesito! Necesito una meta, un objetivo próximo, en el que centrarme, algo en lo que realmente pueda tener algo que ver, y olvidarme de todo lo demás.
Me inclino sobre el hombretón y empiezo a retirar las gasas improvisadas, a presionar la herida, me arranco la otra manga de la blusa para hacer un nuevo vendaje. Tengo que concentrarme, me tiembla el pulso, poco a poco me voy tranquilizando, he nacido para hacer ésto, hice un juramento, ahora tengo un propósito inmediato, una función que desempeñar...
Ya está, remediado. Lo he conseguido. No puedo volver a perder los nervios. Más de una vez he visto como un pariente desquiciado a llegado a joder la operación de un paciente, agravándolo, una vez hasta matándolo.
Me llevo las manos a la cara y trato de despejarme, me froto la nuca, y consigo tranquilizarme un poco.
Si al grandullón le ha pasado lo que le ha pasado por un bandazo, ¿cómo estará Theo? Hice lo mejor que pude con su herida, pero tuve muy poco tiempo. Quizá esté peor. No lo sé. Solo sé que si lo pierdo ahora me volveré loca. Necesito ser fuerte. También necesito saber cómo está...

domingo, 30 de agosto de 2009

Ya no se hacen melodías

Cuando dejo de mirar el estropicio del coche patrulla encuentro los ojos curiosos de Dana, alternando la mirada entre el coche y yo mismo.
Dana: ¿Has sido tú, Joe? Porque si mi disparo ha dado a algo era porque iba volando.
Joe: Sinceramente, no tengo ni idea... - reviso la pistola, que no sea Joyce no quiere decir que no cumpla con su objetivo - De todos modos, eran un polis infiltrados, o corruptos, o asesinos de polis, no merecen vivir. - cerca de su cabeza hay un trozo chamuscado de tapicería, donde ha dado la bala - Esa bala te ha pasado cerca, ¿estás bien?
Dana: Sí, las he pasado peores, al menos no hay metralla... Oye, ¿cómo te has metido en este embrollo?
Joe: Tampoco tengo eso muy claro. - ha llegado el momento de aclararme un poco la cabeza - Lillith, la compañera de piso de Micaela, empezó a dar gritos por el rellano mientras dos matones la perseguían. Disparos, llegó Kenneth, más disparos, murió Lillith, casi me da otro infarto, me encontré a Micaela, que me llevó a donde Theo, disparos, disparos, disparos, otro infarto y, ahora, más disparos. Un contínuo dejá vù... - ...creo que debo coger aire... - Bueno, y he perdido mi grupo, casi como tú.
Dana: En realidad mi "grupo" se formó al entrar al parque, estaba llamando por la radio de un coche patrulla abandonado en la calle cuando apareció Kitano.
Eso es viejo, ya lo haces por instinto: acaparar información. Supongo que la tal Kitano debe de ser la china de la espada...
Joe: Entonces tú debes ser a quien oí por la radio en casa de Theo, quien hizo que fuésemos a Central Park. Vaya... - esto cada vez se pone más interesante - Aunque usar la frecuencia de la policía sea un delito, lo pasaré por alto debido a las circunstancias.
Joder, es que me cae bien. Así como Theo me pareció un capullo (pero ahora ya lo trago), o la china, Kimono, Kitano, como sea, Dana me cae bien desde el primer momento. Está curtida, lo noto en mis huesos, mi viejo instinto de poli me indica que sabe cómo desenvolverse en toda esta mierda.
Dana: Para tomarte la ley tan al pie de la letra hoy estás haciendo muchas excepciones ¿no? - lo dice con ese tono jovial propio de los jóvenes, válgame la redundancia, aunque con conocimiento de causa.
Joe: Suelo hacer excepciones cuando me salvan el culo... - la patrulla D17 se acerca, y no hace falta que Kenneth diga nada, durante unos segundos, pierdo la mirada siguiendo el coche, hasta llegar a una extraña resolución - Podrían poner música.
Dana: ¿Podrían poner música? - a ella le extraña más que a mí, es un claro indicativo de que estoy perdiendo la cabeza, cosas de la edad...
Joe: ¿No estás harta de tanto ruido de disparos? Podría sonar algo de Sinatra, para variar. - el viejo canalla cantor, ya no hacen melodías como las suyas... - Estaba viendo Casablanca - tampoco se hacen muchas películas tan buenas como ésta - antes de que todo esto estallara en mis narices...
Dana: Bueno, quizá no podamos poner música. - me guiña un ojo con picardía, con su jovialidad innata - pero sí que podemos hacer que dejen de dispararnos, ¿a la de tres?
Joe: ¿A la de "tres" o a la de "ya"?
Parecerá una pregunta estúpida, pero hay diferencia bastante sustancial entre "un, dos, tres" y "un, dos, tres, ya". Ese par de segundos de diferencia entre una opción y otra puede significar que sigas de una pieza o que revientes en pedacitos. Si levantas el pie de una mina a la de "tres" y el artificiero espera que lo hagas a la de "ya" lo más seguro es que te tengan que separar con espátula de un puto avión. Es algo a tener en cu...
Dana: ¡Tres!
¡Joder! ¡No me ha dejado ni terminar la pregunta, y ya está disparando!
Joe: ¡Siempre me pasa lo mismo!
Una lluvia de balas bastante significativa hace saltar chapa y pintura de la patrulla D17. No puedo decir qué cojones pasa dentro del coche, más que nada porque los critales se han tintado por dentro de sangre, hueso y sesos. Quizá nos hemos cargado a uno, quizá a todos; sea como sea, la patrulla D17 es historia.
Siento una punzada detrás de mi nuca: es mi conciencia. Por una parte creo a Kenneth a pies juntillas, por otra, lo conozco de hace unas horas, ¿y si estoy matando polis honestos?
No, no puedo distraerme ahora con esas cosas. Son polis disparando contra otros polis (nosotros), algo raro pasa, y esa clase de dudas pueden costar mi vida, la de Dana, la de Kenneth, la de la chica que acompaña a Kenneth o la de todos juntos...

sábado, 29 de agosto de 2009

Intimidad entre el ajetreo

Kenneth se gira hacia mí, algo socarrón, y me dice, entre fuego enemigo:
Kenneth: Las placas de esos tíos no son tan reales como las balas que disparan. Creo que los dos únicos polis de verdad que quedan en esta maldita ciudad van en este coche.
Tranquilizante es, desde luego, incluso hasta halagador. No me gusta disparar a polis, no quiero hacerlo, sería fallar, no solo a mí mismo, sino a todo el puñetero cuerpo de policía entero. Un poli tiene familia, un asesino de polis, sencillamente, no merece tener una. Y, desde luego, la familia de un asesino de polis, en caso de existir, está mucho mejor sin él.
Para tener una bala en el cuerpo (¿o le atravesó limpiamente? Debería preguntarle cuando vuelva a verle...) Theo conduce de miedo, esquivando cadáveres. No se si lo hace por consideración a los difuntos o porque conoce los riesgos de pasar sobre un cuerpo humano. Contrariamente a lo que sale en las película, el impacto de un hombre contra un coche puede ser suficiente para descalabrar un jodido coche entero...
A mi lado, Dana se acomoda en el asiento. Todavía no sé absolutamente nada sobre el nuevo grupo, y mira que ya sabía poco respecto al anterior.
Joe: No es que me importe viendo las circunstancias, pero ¿tienes licencia para eso?
Es un vieja manía de los viejos tiempos. Los malos tiempos. Los tiempos del todo o nada. Que parecen volver por segundos.
Dana: Si te refieres a si tengo licencia de armas, sí, la tengo. - entonces, simplemente, espero que seas endiabladamente buena usándola, porque no podemos perder ni una puta bala... - Y tú, ¿estás en condiciones para otro tiroteo?
Touché. No soy el más indicado para hablar de destreza con las armas, visto mi condición.
Joe: Creo que podré vaciar un cargador antes de estirar la pata... - malos pensamientos, viejo, suspiro para aliviar tensión. Lucy siempre me dijo que el humor era bueno para hacer amigos, vamos a ver qué tal se me da - Es broma, si el corazón no me falla, intentaré subir mis récords personales. ¿Preocupada?
Dana: En realidad no. - me sonríe guiñándome un ojo, algo me dice que es mejor persona de lo que aparenta, tengo una buena corazonada - Es por saber dónde hay otra arma disponible, si palmas no creo que te importe que la coja ¿no? - una nueva ráfaga de disparos impacta contra el coche, me cago en la puta... - Sólo espero que aguantes hasta que lleguemos al metro, allí no tendremos que preocuparnos de disparar a nadie.
¿Al metro? ¿Quién ha decidido ir al metro? Dana ve mi cara de "no sé qué puñetas está pasando aquí" y me dedica una sonrisa a medias que vendría a significar "te has perdido muchas cosas". En fin, ya llegará el momento de las respuestas, sé que llegará...
No puedo evitar sonreír. Me cae bien. Conocí a una chica en comisaría, una novata que estaba de prácticas, que tenía la misma jovialidad e ímpetu que Dana. Opositó a sargenta y no volví a saber de ella. Espero que esté bien...
Joe: Bueno, pues entonces cuida de ésta. - le muestro la pistola de mi sobaquera, una fea palabra para lo que significa - Se llama Joyce, y lleva conmigo demasiados años como para que se quede tirada por ahí.
Dana: Yo me encargo. - es bueno saber que mi pequeña no caerá en el olvido demasiado pronto - Pero no sé qué manía tenéis los hombres de ponerle nombre de chicas a las armas. Espero que Holly no tenga celos.
Tocado y hundido. El dedo entero en la llaga. Me hundo en mi asiento. Como cada vez que la recuerdo, pierdo la fuerza en todo mi cuerpo. No es culpa suya, desde luego sería un cabrón y un cretino si me enfadase con ella. A fin de cuentas, no llevo mi biografía en la frente.
Joe: Holly... No estará celosa. Ella... Ella... Un borracho hijo de puta se la llevó por delante, se la llevó de mi lado... Hace unos años... Cuando todavía me funcionaba bien el corazón. Creo que fue por ella por lo que se me rompió...
No sé por qué me sincero tanto, si no pude hacerlo con Riggs, mi mejor amigo. Supongo que veo cerca mi fin y necesito ponerme en paz con el mundo. Mejor soltar toda la mierda aquí que llevársela al otro mundo, el Señor me tenga en su Gloria...
Dana: ...Joe... lo siento, no lo sabía, perdona por habértela recordado, es que - ¡BLAM! ¡Joder, casi le revientan la puta cabeza! - ¡Joder! ¡Es que no puede una ni tener un momento de tranquilidad!
Dispara con furia contra el coche M16, de la comisaría de SuPutaMadre, que intenta embestirnos. A causa de un maldito bache, yerra el tiro. Aún así, no se ha alejado mucho del blanco.
Dana: ¡Mierda de día!
Sin pensarlo dos veces, quizá ni una, abro fuego contra el puto coche. Jodidos cabrones. Que se jodan, que os jodan a todos. ¡Iros al Infierno!
Y segundos más tarde contemplo atónito cómo, ya sea por haber liquidado al conductor, o porque éste se ha puesto nervioso con los disparos (no he alcanzado a ver una mierda), el coche M16 da un bandazo y se estampa contra un árbol. Dios santo, el copiloto ha atravesado el parabrisas y tiene la cabeza abierta como un melón maduro...

viernes, 28 de agosto de 2009

Alienación

Y, de repente, todo se jode hasta niveles que nunca habría podido imaginar.
Recuerdo una semana, hace un par de años, en las que estuve casi 72 horas sin dormir a causa de la cantidad de heridos de bala que llegaron al hospital. Un ajuste de cuentas entre bandas, por temas de drogas y, seguramente, prostitución.
Pues no es ni la mitad de lo que está pasando ahora mismo. Sólo sé que, en mitad de un torbellino de gritos, disparos, sudor y sangre, Theo me mete en el coche junto a la china, afianzo al gigantón y me dice que me quiere. Tenemos que llegar a Rock-TV o el mundo se irá a tomar por el culo.
Ya no puedo más. Con el rugido del motor mis lágrimas empiezan a brotar de forma desmesurada. Todo se está llendo a la mierda. Lillith a muerto. Joe está de camino hacia el mismo destino. Y theo se está forzando tanto a sí mismo que puede llegar a sufrir una recaida si todo se sale de madre más de lo que ya se ha salido ahora. Es demasiado. Simplemente es demasiado para mí. Me derrumbo. Me rindo.
No aguanto más...

jueves, 27 de agosto de 2009

Ángeles del Infierno

Odio estas medicinas. Me dejan embotado, entumecido, dolorido, en resumen, hecho una puta mierda. Con la mirada turbia consigo discernir un coche patrulla viniendo hacia nosotros. ¡Aleluya! No entiendo qué cojones están diciendo, pero en cuanto vean mi placa me llevarán a casa y me darán un buen filete para cenar, a la mierda el colesterol...
Espera, espera, quieto un momento... Conozco todos los procedimientos de acción, y éstos no vienen para explorar el terreno. La forma en la que maniobran es más propia de... Oh, joder... ¡Es propia de putas redadas anti-droga!
Sin previo aviso, un nuevo coche patrulla golpea al anterior y después un fogonazo, seguido de un estruendo. Acaban de reventarlos con una escopeta... Y el que lleva la escopeta, joder, no puede ser. Éstas pastillas me hacen alucinar más de la cuenta. No puede ser Kenneth.
Oh, Dios bendito, sí, es él. Me hace señas para ir junto a él. Entre todo el bullicio, Dana, la desconocida que me ha salvado, me ayuda a acercarme a ellos.
Dana: Joe, parece que han venido a buscarte ¿son amigos tuyos?
Joe: No, chica, son putos Ángeles Salvadores del Señor, eso es lo que son...
Me mira raro, no es de extrañar, un poli viejo mal afeitado cubierto de sangre y sudor con la cabeza medio ida y el corazón hecho una piltrafa... Con que confie en mí unas horas más, me vale, no voy a exigirle más, la verdad.
Joe: Vamos, el negro ya me ha salvado el culo un par de veces...
Y que conste que digo "negro" como adjetivo descriptivo, seré un viejo anticuado, pero no un racista. La de negros, chinos y latinos que me han ayudado en el cuerpo y fuera de él (Micaela, sin ir más lejos).
A duras penas, subo al coche, acompañado por Dana, y veo a otra chica dentro, quien dice ser Erin, quien conducía el coche patrulla en el que se fue Kenneth cuando lo de Lillith. Joder, no sé qué coño pasa hoy, pero el mundo se vuelve loco y no paro de verme rodeado de auténticos bellezones. Primero Micaela, luego la china, Dana y, ahora, Erin. ¿Qué tiene el Apocalipsis que hace que todas las tías buenas de la puta ciudad se reunan en el mismo jodido sitio?
Mientras tanto, Theo, Micaela y la china trastean con el coche embestido por Kenneth. No sé qué demonios hacen exactamente hasta que veo cómo se abren las puertas de delante y caen a ambos lados sendas masas sanguinolentas envueltas en jirones de tela azul. Parece que ya han encontrado vehículo.
Kenneth: Joe y compañera. ¿Estáis los dos armados? Lo digo por que vamos a jugar a un juego. Diré el código de un coche patrulla y todos disparamos al conductor de dicho coche.
Y después dicen de los video juegos...
Joe: Se llama Dana. Y, por lo que a mí respecta, llevo dos putas pistolas hasta arriba de balas y un cargador en el bolsillo.
Le enseño las dos pitolas y no saco el cargador porque no tengo otra mano.
Joe: Supongo que todos estos polis son falsos, ¿no? Como los de mi piso. Porque si no es así, cuando acabe toda esta locura te meteré una bala entre las cejas, ¿estamos?
Entonces, simplemente, arranca. La adrenalina corre por todo mi cuerpo, parece que es la única forma de despejarme la mollera, se me ha endurecido con los años...

miércoles, 26 de agosto de 2009

La calma antes de la tempestad

Mi corazón se calma poco a poco, benditas drogas, tan buenas y tan malas a la vez. Todavía noto, casi como una ensoñación, los labios de Dana sobre los míos, inflamándome de vida. Como un ángel curativo. Cuando más lo recuerdo, más pienso en Holly. Cuanto más pienso en Holly más pienso en mis hijos. Dave, Lucy, estéis donde estéis, ojalá estéis mil millones de veces mejor que yo. Ojalá esto del segundo sol, los asesinos de polis, no os haya alcanzado nunca ni os alcance.
Theo se pone en pie. Una bala le ha atravesado y ya está casi como nuevo. Tendrá secuelas, siempre hay secuelas, pero parece que su cuerpo empieza a funcionar correctamente, le envidio. Tiene el ímpetu de los jóvenes, con esa pizca de agilipollamiento que todo el mundo tiene a su edad; aún así, es un tipo legal. No me gustaría que Lucy trajese a alguien como él a casa, pero es un tipo legal. Parece que tiene algo que decir:
Theo: Escuchadme todos. Sé que apenas nos conocemos, acabamos de resolver una situación muy jodida, y está claro que aquí hay muchos interrogantes, pero no creo que sea coincidencia el hecho de que todos hayamos acudido justo a este lugar en concreto. No se qué razones os habrán empujado a venir aquí, pero a mi me han encargado que encuentre un bolso, de color dorado, en su interior hay una cinta de video, la cual tiene un importante mensaje grabado, es imprescindible que esa cinta llegue a Rock-TV a las 8 de la tarde de hoy y sea emitida, no me preguntéis por qué, pero según una persona, la vida de millones depende de ello, y sé que ese bolso y la cinta tienen que estar en este parque, no sé si alguno habréis visto algo, pero me gustaría que me ayudaseis a encontrarlo, y ya de paso, a llevarlo hasta Rock-TV, es una prioridad absoluta.
¿Y por qué no te pones una diana en el pecho? Joder, acabas de descubrirte ante todo un grupo de desconocidos. Una china zumbada con espadita samurai de los cojones y una civil con pistola (muy amable y con ligeros conocimientos médicos, pero con pistola y desconocida, al fin y al cabo).
Y, de paso, nos has descubierto a Micaela y a mí, que íbamos contigo en el coche. En fin, tengo dos pistolas, con un poco más de suerte puedo reventarlos a todos si las cosas se ponen feas. Oh, joder, ya estoy desvariando...
¡Mierda! ¡La radio de la poli! ¡Podrían estar diciendo algo importante! Me llevo la mano al cinturón, buscando la radio, y sólo encuentro la mitad. Supongo que la otra mitad estará dentro del coche. Sobra decir que es bastante improbable que funcione a pesar de unirlas con el mejor pegamentos del estado y un par de trozos de celo. Joder. Y ni siquiera estoy de servicio...
Tengo la cabeza embotada...

martes, 25 de agosto de 2009

Medicina de alto riesgo

Theo está bien, he gastado prácticamente todo lo que había en el irrisorio botiquín, pero Theo está bien, y eso es lo que cuenta. Un rápido vistazo a mi alrededor, usando mi "olfato de cirujana", me confirma lo que ya me temía: hay más heridos.
Uno de ellos, el gigantón asesino.
Tomo aire lenta y profundamente, noto el bombeo del corazón en mi pecho, una suave brisa me acaricia el rostro. Parece una brisa irreal, tan fresca y agradable, justo en medio de una masacre. Tanta gente muerta. Tanta gente inocente muerta. Y no puedo hacer nada por ellos. Sólo puedo hacer algo por su asesino.
Hinco una rodilla en el suelo y me impulsa con una mano, notando la hierba sucia entre mis dedos. A mi alrededor todo es caos, gente que no conozco de nada, preguntas a las que no encuentro respuesta, y respuestas que sólo generan más preguntas. Nos hemos juntado un grupo pintoresco, me muero de curiosidad por saber de dónde han salido, o qué les motiva, pero ahora no es el momento de hacerpreguntas. Ahora no.
Una gota de sudor se me cuela bajo un ojo, irritándolo, mientras ando hacie mi siguiente paciente. Hace mucho calor, ya no hay brisa fresca, alzo la mirada y veo el Sol, amarillo, potente, a lo alto, en el cielo. Y justo a su lado, un segundo sol, rojo, más pequeño, casi la mitad. ¿De dónde ha salido? ¿Qué demonios es? No es el momento de hacer preguntas...
Vuelvo a hincar una rodilla en el suelo, estoy frente al herido. Es mucho más grande de lo que imaginaba, bajo la armadura se ve su piel oscura, casi azabache, empapada en sudor, sangre y tierra. Su respiración es larga y costosa, con un quejido ronco al final.
La yugular está intacta, la carne destrozada y quemada, lo cual es bueno y malo. Bueno porque hay partes casi cauterizadas, malo porque es un foco realmente precioso de infecciones.
A mi disposición tengo tanta tela como dé de sí mi blusa, que se me pega al cuerpo sudoroso de forma bastante molesta. Y punto. Mis lindas manos, como mucho.
Me arranco una manga y seco un poco el sudor frotándola contra mis vaqueros, no es lo más higiénico que hay, pero, a no ser que quiera ponerle hierba en la herida, es lo mejor que puedo hacer.
Joder, unos milímetros más centrada y esa bala habría matado en segundos a este tipo. Tengo que aislar mi mente, concentrarme en mi trabajo. Hice un juramento, el juramento hipocrático, según el cual no puedo hacer daño ni dejar que hagan daño a los demás, debo atender las heridas de todo el mundo sin importarme su condición. El juramento hipocrático es lo único que me queda, si fallo al juramento, me fallo a mí misma.
Lágrimas grandes como puños resbalan por mis mejillas sucias, tengo que templarme, ha sido un día espeluznante, ya te derrumbarás a la noche, con Theo y con Joe, protegida. Ahora tengo trabajo que hacer. Tengo que salvar al gigantón.
Dios, me encantaría verlo desangrarse como un cerdo, casi mata a Theo y ha asesinado a sangre fría a decenas de personas. No merece vivir. Pero debo curarlo. Y pienso hacerlo. Voy a curar a este hijo de puta para que Joe pueda llevarlo ante la justicia y lo encarcelen. Dios, ojalá lo condenen a la silla eléctrica. Reservaré asiento en la primera fila.
¡No! ¡Yo no soy así! ¡Soy cirujana, por el amor del cielo! ¡Curo a la gente, salvo vidas! Debo despejar mi mente, rápido, concentrarme sólo en el herido, como si fuese un coche que necesita ser reparado.
Aplicando unos trozos de manga como gasas y compresas, y el resto como vendaje improvisado, la hemorragia queda más o menos contenida. Sin embargo, la tela quedará embotada de sangre en menos de dos horas, y eso, sumado a la sangre ya perdida, hará que no dure mucho. Pero no puedo hacer nada mejor por este pobre desgraciado...
Suceden varias cosas a mi alrededor, pero sólo me fijo en las que pueden afectarme, como el maldito cigarro de mi novio.
Es un capullo, pero le quiero con locura. Es mi capullo. Y de nadie más.
Con una mirada de reproche consigo que apague el cigarrillo, que tira desdeñosamente sobre el herido. Capullo, como ya decía, pero loable. Es un hombre valiente, con ese tipo de bravura que sólo tienen los locos y los acorralados. Prefiero pensar que es un loco.
Que se haya desplazado hasta aquí quiere decir que le he tratado las heridas mejor de lo que me esperaba, a veces me sorprendo a mí misma. Joe no corre la misma suerte. Está mayor, es un perro viejo y apaleado, pero, sobre todo, es un perro viejo apaleado y fiel. Apenas he pasado unas horas con él y ya sé cómo habría querido ser de mayor. Ese poli a punto de retirarse, como Danny Glover en Arma Letal, me ha marcado más de lo que pensaba. Diablos, a veces hasta hablo como él.
Parece que Theo tiene algo que decir.

lunes, 24 de agosto de 2009

Perro viejo

La cabeza me da vueltas. Otra chica se ha unido a la china, parace que no está tan chiflada como ella (o como yo). Intercambian algunas frases, me miran, pero yo solo oigo cómo la sangre me bombea en las sienes.
A los pocos segundos, las luces y las sombras se funden, dejándome solo en un mundo de oscuridad.
Me desplomo en el suelo como un saco viejo...

Pierdo la noción del tiempo. La cabeza me da vueltas, la garganta me escuece y el pecho me oprime, pero, aún así, recupero poco a poco la conciencia. Eso sí, sufriendo los particulares efectos secundarios de cualquier derivado opiáceo.
Noto una presencia a mi lado, un contorno esbelto girado hacia mí, apenas una sombra fugaz, pero creo que es...
Joe: ¿Holly?
Dios mío, estoy muerto. Definitivamente, he muerto. Afortunadamente, el de ahí arriba me ha juzgado suficientemente bueno como para poder reencontrarme con mi mujer. Oh, Cristo bendito, Holly, te he echado tanto en fal...
Dana: Eh, no, soy Dana.
¿Cómo? ¿Qué?
Joe: ¿Quién...?
Dana: No importa ¿Te encuentras bien?
Me incorpora con suavidad y fuerza, decidida pero cuidadosa.
Joder, ya me acuerdo de todo... El gigantón chiflado, la china y... Oh, joder, Theo...
Joe: Hmpf... ¿Y Theo?
Dana: Supongo que Theo es el que estaba en el suelo, se ha llevado un balazo de refilón, pero parece que la chica le ha curado sus heridas, está allí, descansando.
Gracias al Cielo, que el Señor le tenga en un Gloria. Es curioso como mi fe se reafirma cuando más me interesa... Ese chico ha estado al borde de la muerte por mi culpa, tengo una deuda con él. Llamadme antiguo, pero este viejo poli todavía cree en códigos morales, y si fallo a mi código, me fallo a mí mismo...
Joe: Llévame... él... or favor...
Dana: No sé si estás en condiciones de...
Oh, vamos, he aguantado un infarto y he esquivado una bala, creo que podré soportarlo...
Joe: Llévame...
Dana: No creo que en tu situación...
Joe: Llévame... O te detengo...
Habría sacado la placa, para dar más énfasis, pero apenas me queda fuerza. Mientras me arrastra junto a Theo me maldigo a mí mismo por mi cabezonería. Éste ataque ha sido más fuerte de lo que esperaba, me ha dejado todas las articulaciones entumecidas y me duele hacer cualquier movimiento. Joder, vaya mierda...
Finalmente, me deja junto a Theo, quien tampoco está mucho en este mundo. Claro que a él le han metido una bala en el cuerpo, sé por experiencia que eso duele...
Afortunadamente, Micaela ha sabido remendarlo. Ésta chica es una joya...

domingo, 23 de agosto de 2009

Zen

Todo sucede muy deprisa. Salgo por inercia del coche, siguiendo ciegamente a Joe. Sólo hace unas horas que le conozco, y le ha bastado para salvarme la vida varias veces. Automáticamente, corro tras él, y no es hasta que resulta demasiado tarde que me doy cuenta de que Theo no está conmigo...
¡Se ha quedado atrapado en el coche! ¡Oh, Dios, Theo, no te mueras, por favor!
¡Oh, joder! ¡El hombre de la armadura viene directo hacia nosotros! Voy a morir, voy a morir hoy después de todas las calamidades por las que he pasado.
Joe: Corre.
Micaela: No, yo...
Joe: ¡He dicho que corras!
Me empuja hacia un lado con violencia. El tacto de su mano, ruda, fuerte, sucia, me transmite que está hablando muy en serio. Doy un traspiés hacia un lado y, antes de poder volver a equilibrarme, veo atónita como él echa a correr justo en dirección contraria, tratando de atraer toda la atención del loco armado sobre él. Joder, es un auténtico héroe. Me ha vuelto a salvar la vida...
¡Tengo que ayudar a Theo! Antes de que termine de pensar siquiera en que tengo que hacerlo, una extraña chica asiática, guapa como un ángel, me señala la nuevo ubicación de mi novio, gritándome que le ayude como sea, y me da un pequeño botiquín, de esos de emergencia, con lo básico, pero suficiente.
Segundos después, ella también se enzarza contra el enemigo. Hoy es el día de los héroes de acción, como en "La Jungla de Cristal" o "Los Ángeles de Charlie"...
Corro hacia Theo y, sin frenar, me lanzo de rodillas a su lado, rascándome las piernas contra el suelo, da igual, sólo son unas magulladuras sin importancia. Ya estoy en la posición correcta, ahora debo serenarme, alejarme de todo lo que pasa a mi alrededor y concentrarme en Theo, tratar sus heridas. Está grave, pero creo que podré contener la hemorragia sin muchas complicaciones y, sobretodo, sin interrupciones.
Rezo porque Joe salga bien parado de todo éste asunto y hundo las manos en el botiquín, tengo una labor que desempeñar, y soy la mejor en mi trabajo.

sábado, 22 de agosto de 2009

Caos

Maldita sea, joder, maldita sea, me cago en la puta, maldita sea, ¡al diablo con todo! Esa jodida masa humana con armadura viene directo a por nosotros y no va a dudar ni dos segundos en apretar el gatillo. Yo soy viejo, soy viejo, prescindible, me queda poco para retirarme, no me quiere casi nadie en el mundo. Pero la chica, Micaela, es joven, vigorosa, tiene una maldita carrera por delante, es una jodida cirujana, en su corta existencia seguro que ha salvado más vidas que yo en todos mis años de servicio.
Joe: Corre.
Micaela: No, yo...
Joe: ¡He dicho que corras!
La empujo con violencia hacia un lado y salgo corriendo justo en dirección contraria.
Joe: ¡Eh, tú! ¡Sí, tú! ¡El maldito mastodonte con armadura! ¿Es que tu madre no te dijo que Terminator sólo era una película? ¿De dónde has sacado eso, de una convención de cómics?
Eso es viejo, atráelo sobre tí, que se concentre solo en tí, que te mate solo a tí... Grito, salto, me fuerzo hasta el último momento, me da exactamente igual sufrir un maldito infarto ahora mismo, voy a morir de todos modos.
Micaela se desvía de la trayectoria, ¿qué coño está haciendo? Va hacia Theo, pero... ¡Joder! ¡Hay una china corriendo hacia el grandullón!
¿Se puede saber qué coño hace un china con espada en Central Park? Joder, todo es culpa de los putos video juegos, seguro, están volviendo loco a medio mundo y pasa lo que pasa.
¡RATATATATATATATATATATATA!
¡Por Cristo bendito! ¡No me ha dado de milagro! Ese jodido gigante dispara hasta a los policías. No sé de qué me extraño, hoy en día nadie respeta a la autoridad.
Muy bien, viejo, demuestra lo que vales. ¿Quieres quedarte con la chica? Pues impresiónala. Desenfundo a Joyce, acariciándola, despidiéndome de ella, y apunto al gigantón. Apunto con calma, esperando el momento. Ese loco desperdicia balas como si fueses caramelos, no sabe esperar al momento preciso. Apenas tengo un segundo para disparar, pero parece que hay un buen punto débil. Si esto me sale bien podría salvar la situación...
¡BLAM!
Un chorro de sangre sale disparado de debajo de su máscara. ¡Mierda! ¡Sólo le ha rozado el cuello! ¡Sigue moviéndose! ¿De qué coño está hecho este puto chalado? Debe de llevar anfetaminas o alguna de esas porquerías que los jóvenes de hoy en día se meten en el cuerpo para arruinar sus vidas...
Y entonces todo sucede muy rápido. Sin previo aviso, la china corta el tubo del lanzallamas y esquiva una ráfaga de ametralladora por los pelos de un calvo. Por puro instinto, vacío mi cargador contra ese hijo de puta. Algunas balas rebotan contra su armadura, pero hay junturas que dejan pequeñas partes de su cuerpo al descubierto, y puedo contar, gracias a la sangre, varios impactos satisfactorios.
Con un quejido y un chirriar metálico, se desploma. La china no pierde tiempo en sacarle la máscara, revelando un gigantón de etnia negra (cosa que me hace pensar en Kenneth, ¿qué habrá sido de él?). Se rasga la camiseta para taponar la herida y, mientras me acerco, puedo oír cómo llama a una ambulancia.
Joe: Ey, no toques a mi detenido.
Lo siento, extraña chica china, me has ayudado, te lo agradezco mucho, pero no sé quién cojones eres y mucho menos qué coño quieres, la ley es la ley, y debo aplicarla aunque no me toque estar de servicio.
Entre gemidos, el maníaco derrotado susurra: Pero si sois azules...¿Porqué me atacais?
Tócate los huevos. Monta una masacre de tres pares de narices y aún se pregunta que por qué le hemos detenido. Da gracias a que tengo el cargador vacío y no puedo meterte una bala en la cabeza ahora mismo.
Eso me recuerda que debo cambiar el cargador, ahora sólo me que quedan dos, el que ya está en Joyce, y el que me queda en el bolsillo.
Me quedo al lado del gigantón mientras veo cómo Micaela se ha llevado a Theo lejos del coche, que podría explotar en cualquier momento, y empieza a atender sus heridas.
Le gritaría que viniese a ayudarme, pero no puedo respirar. Mi corazón falla...

viernes, 21 de agosto de 2009

Choque demencial

Ignoro las marchas, pongo directamente la quinta y que sea lo que Dios quiera. Afortunadamente no está en el punto más frondoso de Central Park, de modo que hay pocos árboles que esquivar.
El corazón se me va a salir por la boca, un sudor frío me recorre el cuerpo entero, los nudillos se me quedan blancos de apretar con tanta fuerza el volante, me tiemblan las rodillas, respiro con dificultad y justo en ese momento, en el peor momento, recuerdo las últimas palabras de Lillith...
La furgoneta de ese loco está cada vez más cerca, venga, viejo, vamos, empótralo.
Theo: ¡¡¡Kowaboonga!!!
Sabes que no es el protocolo, pero tampoco te tocaría estar de servicio, y no hay tiempo para formalidades burocráticas, hay gente muriendo a puñados. Va a salir bien, ya verás como todo va a salir bien. Vas a empotrar a ese cabrón, salvarás la situación, te investirán como héroe, te podrás retirar antes y te quedaras con la chica.
Vete a la mierda, viejo, ya estas divagando otr...
¡KRANK! ¡KRONCH! ¡KRASH! ¡KATAKRONC!
El coche es un amasijo de hierros, está todo lleno de humo, me he dado un buen golpe en la cabeza, espero que los demás estén bien. Parece que... ¡Lo hemos conseguido! ¡Sí! ¡He conseguido acabar con ese cabrón!
¡NO! ¡Mierda, mierda, mierda, puta mierda!
De entre el humo aparece su figura, empuñando metralletas y cargando un lanzallamas. ¡El hijo de puta se ha librado! ¡Maldita sea, Señor, hoy te has ensañado conmigo de mala manera, eres un hijo de la grandísima puta, Señor!
Joe: ¡Todo el mundo fuera del coche! ¡YA!
No hay tiempo para pensar mucho, esa maldita mole humana abre fuego contra el coche. Consigo salir del coche agachado, hecho un guiñapo, y corro para alejarme del peligro. Me giro y veo que Micaela corre a pocos pasos por detrás de mí, pero señala insistentemente al coche... ¿Qué demonios...? ¡Theo, maldita sea! ¿Ves como eres un gilipollas? No, no, te equivocas, viejo, has sido tú. ¡Has sido tú! Has conducido como un maldito loco y has dejado moribundo a tu compañero. Eres un maldito desastre, un viejo inútil y enfermo...

jueves, 20 de agosto de 2009

Canuck

Después de sufrir para atravesar el corto trayecto, aquí estamos los tres. Theo ha cogido su mochila, bien equipada, con botiquín incluido (si al final piensa y todo) y está oteando el parque con unos pequeños binoculares.
Finalmente, me los pasa a mí. Parece que el chaval sabe quién es el experto en el tema.
Siguiendo los gritos y la gente corriendo consigo ver al lunático de los disparos. Joder. Es un puto armario empotrado, con armadura blindada digna del mejor antidistrubios y SWAT del mundo, detrás de su furgoneta enorme repleta de municiones y armas. Tócate los huevos.
Le devuelvo los binoculares, indicándole dónde tiene que mirar, más que nada para que sepa a qué se enfrenta. A qué nos enfrentemos.
Micaela está nerviosa, de todos modos, aguanta con estoicismo. Ésta chica tiene los nervios templados en acero.
Theo: Tiene un punto ciego.
Joe: Sí, por detrás. ¿Qué quieres? ¿Que dispare desde el parabrisas?
Theo: Para un coche.
Joe: ¿Perdona?
Theo: Sí, joder, ¿no eres poli? Pues usa esa placa para parar un coche y embestir a ese hijo de puta.
Joe: Eres un maldito loco, y tienes la boca demasiado sucia para ser tan joven.
Está loco. Este chico está loco, es definitivo. Pero, joder, tiene los cojones cuadrados. Ojalá hubiese entrado en el cuerpo conmigo, con un poco de adiestramiento sería un mastín fiel y duro de roer. Total, muchas opciones no nos quedan, y no creo que fuese buena idea acercarme al majareta de la metralleta y pedirle por favor que lo deje estar y que me acompañe a comisaría a prestar declaración...
Me acerco a uno de los tantos coches que hay parados en la calzada con un conductor histérico al volante. Premeditadamente, voy a un coche ocupado sólo con una persona.
Toco a su ventanilla, enseñándole la placa, y él baja la ventanilla.
Hombre: ¿Qué quiere, agente?
Joe: Su coche.
Hombre: ¿Qué? ¿Está usted loco?
Joe: Mira, majadero, si digo que quiero tu coche, es que quiero tu coche, así que no me toques más las pelotas, ¿estamos?
Abro de un tirón la puerta y le lanzo al suelo, a lo que responde con un quejido.
Joe: No te habría tirado al suelo si hubieses llevado el cinturón, capullo.
Les indico con un gesto que suban al coche mientras les espero al lado de la puerta abierta. Micaela sube detrás y Theo hace el amago de subir como conductor. Ahí te has pasado, chico.
Joe: Conduzco yo.
Theo: Pero...
Joe: Conduzco yo. He parado el coche yo, pues conduzco yo. Además, tu no puedes perder un maldito segundo en buscar ese jodido bolso que tanto ansias, cuando choquemos, bájate y búscalo por los alrededores.
Theo: ¿Los alrededores? ¿Sabes lo jodidamente grande que es el puto parque?
Joe: ¿No querías el bolso? Pues búscalo
Theo: ¿Y eso que has dicho antes de tener la boca sucia?
Joe: Ya soy mayor para esas cosas.
Una vez estamos todos en el coche les obligo a abrocharse el cinturón de seguridad, no me gustaría ver sus caras destrozadas en el parabrisas por el choque. Va a ser demencial.
Joe: Ahora veréis cómo hacemos las cosas en Canadá.
Enfilo hacia la furgoneta de ese chiflado, acelerando todo lo que puedo para que la embestida sea brutal, y rezando para no desviarme por el camino.